Hay noches en que la historia de la música no se lee en los libros, se baila. El pasado 3 de agosto de 2024, Santiago de Cali sumó una página de oro a su extenso diario melómano. Por primera vez en su legendaria carrera, el maestro Johnny Colón, pilar indiscutible del sonido de Nueva York y arquitecto del boogaloo, pisó la “Capital Mundial de la Salsa”. El escenario no podía ser otro: La Topa Tolondra, el templo de la rumba con criterio.
La expectativa no era menor. Para un público tan exigente como el caleño, recibir al hombre detrás de himnos como Boogaloo Blues y Merecumbé era saldar una deuda histórica. A sus más de 80 años, el neoyorquino de ascendencia puertorriqueña demostró que la clave y el swing no envejecen, se refinan.
La antesala del mito
Desde tempranas horas, la mítica calle quinta de Cali empezó a vibrar con un aire distinto. Coleccionistas, melómanos de la vieja guardia y jóvenes bailadores hacían fila a las afueras de La Topa Tolondra. Dentro, la atmósfera habitual de cuadros de leyendas salseras parecía cobrar vida bajo las luces de la tarima.
Previo al show, Colón ya había confesado su emoción en medios locales, admitiendo que sentía “ansiedad y honor” por tocar finalmente en la tierra donde la salsa es religión. No era para menos; Cali sabe escuchar, pero sobre todo, sabe juzgar cada golpe de percusión.
El rugido del trombón y el swing de la calle
Cuando Johnny Colón se sentó frente al piano, el recinto, a reventar, guardó un microsegundo de reverencia que se rompió inmediatamente con el primer guajeo. Para esta gesta, el maestro estuvo respaldado por Sonido 70, una de las orquestas colombianas que mejor ha sabido interpretar el sonido crudo, espeso y callejero de los setenta. La sinergia fue inmediata.
El repertorio fue un viaje en el tiempo. Sonaron los acordes melancólicos y potentes del jazz latino fundido con el barrio. El clímax de la noche llegó cuando la orquesta soltó los primeros compases de Merecumbé. La pista de la Topa se convirtió en un maremágnum de pies a velocidades imposibles, vueltas perfectas y coros unísonos. Colón, con una sonrisa de complicidad, dirigía el barco desde las teclas, demostrando por qué su escuela en Nueva York (la East Harlem Music School) sigue siendo un baluarte de la tradición.
Johnny Colón interpretó éxitos como Merecumbé, Mala Mujer – la tocó dos veces-, Déjame en paz, Cuero Estirao’, Son Montuno y Sunny.